jueves, 21 de octubre de 2010


Entonces quiero sacarte de mi cabeza, de mi vida, de mi alma, de mi corazón, de mi piel, de mis días, de mis noches, de mis recuerdos, de todas las calles de tú ciudad, de mis decisiones, de mis lágrimas, de mis heridas, de mi sangre, de mis sonrisas, del frío, del tacto...

miércoles, 20 de octubre de 2010


Quizás sea una tontería, hacerse daño a uno mismo. Pero no se puede controlar.
Creemos en el final feliz a toda costa, porque necesitamos creer en él. Necesitamos tener una razón para seguir.
No estoy negando su existencia, de verdad. Sé que hay finales felices. Solo que la mayoría de las veces no llega tan rápido como nos gustaría.

Pero aún así seguimos intentándolo, poniéndole fuerza y corazón para que ocurra. Con esperanza, adaptamos nuestras pasiones a nuestras expectativas. Imaginamos mil y un final feliz. Cómo reaccionaremos cuando ocurra.
Y cuando no lo hace, nos decepcionamos. Pero no dejamos de esperarlo, hasta que algo lo sustituya.


Y la búsqueda es difícil. Una persona es única. No está hecha para ser totalmente sustituida. Siempre queda algún recoveco.


Algunos huecos son más difíciles de rellenar que otros.
Es sorprendente tu facilidad para acostumbrarte al dolor. Es sorprendente como crees que forma parte de tu vida como otra cosa cualquiera. Vas almacenando trozos de tristeza como fuesen botes de conserva que, aún estando vacíos, sigues guardando por si pueden servir para algo más tarde.
Caminar, caminar, caminar. Un paso adelante, tres atrás. La vida, las vías, los trenes perdidos. Las líneas que no van a volver a pasar por esos pueblos perdidos. Ser un pueblo perdido. Maldecir la distancia día tras día. Sentir ya se ha ido todo cuando ni siquiera has llegado. Cuando aún no has encontrado la forma de dejar de ser un pueblo perdido. Y así acumulas caminos no hechos, experiencias no vividas, botes de conserva vacíos.
Siempre te has conformado con un sitio en el desván del mundo, tu capacidad para acostumbrarte a las telas de araña de la realidad es la misma a acostumbrarte a llevar atada la tristeza a tu pierna izquierda, y que esta golpee la derecha cuando camines.
Y aún sacas el valor para imaginarte a esos botes cayendo al suelo mientras sus cristales se rompen en fragmentos muy pequeños. Aún te queda fuerza para soñar que consigues otros que no están vacíos. Porque no has perdido las ganas de reutilizar líneas de tren perdidas, de dar diez pasos adelante y ninguno atrás. De caminar de verdad.

martes, 19 de octubre de 2010

todavía me dueles...



Con el paso del tiempo, de los días y los meses echar la vista atrás se convierte en algo menos doloroso, pero el temor con el que lo hago sigue siendo el mismo, o incluso mayor. No quiero hurgar más en mis heridas, y mi pasado está repleto de ellas, de las que nunca terminan de cicatrizar del todo; pero si de algo puedo presumir plenamente en este momento es de tener un presente capaz de curar la herida más profunda que pudiera aún permanecer en mi.
El amor, ese sentimiento que ha llegado a hacerme tan pequeña y tan gigante, ahora vive en mi de una forma menos destructiva, similar a una caricia en la espalda con la yema de los dedos, suave, trasparente, real y uniforme. Una luz que ya no ciega, sino que alumbra mi paso. Con el mejor olor que percibí nunca; el de la esperanza.

Decidiste pensar en ti, desconociendo que en el amor la palabra egoísmo no cabe.

http://www.youtube.com/watch?v=bxZJLjk6x_k
Y... sigo viva.

A pesar de que siempre creí que sin ti no sobreviviría.

Sigo viva, haciendo las mismas cosas que hice siempre, pero no las hago como antes.

Hoy que la noche se convirtió en soledad no te extraño...porque sé que a pesar de todo, las decisiones que he tomado el ultimo tiempo serán siempre para mejor.


Sigo viva, a pesar de que los primeros diez días fueron nefastos, porque creí que las lágrimas serían mis eternas compañeras y no sobreviviría a una nueva soledad... en el día once me di por vencida y dibujé una sonrisa imaginaria en el aire, de la que me alimento cada mañana. Esa sonrisa que a menudo cae en falsedad, pero me ayuda a dejar de liar mi vida porque si.

Creo que a pesar de toda la nostalgia acumulada, en cada detalle que quedó esparcido en nuestros antiguos sitios favoritos. He podido seguir caminando y guardando en el ultimo cajón de mis añoranzas, la cuota de amor que quedó luego de tantas palabras, de tantos desdenes y desencuentros.

A pesar de tu nueva indiferencia, a pesar de que podamos seguir siendo solo amigos... sigo viva, recordando y olvidando cada día.

El amor concede a los demás el poder de destruirte


Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío... El amor concede a los demás el poder de destruirte.

lunes, 18 de octubre de 2010



Hoy me atrevo a escribirte de nuevo.

Hoy voy a decirte lo que nunca en la vida he logrado contarte, eso que me haces sentir.
Me encanta cuando te levantas de repente después de haberte caído y, rodeándote para observar el lugar donde caíste, sonríes cabizbaja, y entonces piensas “¿Lo ves? Siempre es posible”. Y aparentemente segura, pero interiormente temerosa, sigues adelante apaciblemente. Y mientras caminas, de vez en cuando vuelves a ese mundo interior tuyo en el que te sumerges para aislarte de los rayos de dolor. En ese mundo eres tú la reina de todo color, de toda felicidad. Miras las nubes que parecen de pegatina en ese azul tan azul. Inspiras hasta las profundidades de tu alma el olor a pan que te embriaga cada mañana en la plaza donde los niños juegan a hacer pompas de jabón y disfrutas viéndote reflejada a ti y al mundo en esa pequeña –pero tan grande para ti- burbuja, con pequitas de colores que llenan tu mirada de luz. Me encanta también cuando tu mirada busca desesperadamente sonrisas. Todo tipo de sonrisas. Y a duras penas encuentra alguna que sea verdadera entre la multitud. Y después la dejas porque ni siquiera te llena. Entonces piensas “voy a comprar sonrisas”, porque necesitas sentir el mundo un poquito más bueno que ayer. Pero ahora ya has aprendido que con tu sonrisa te basta para vivir, y eso también me encanta.

Además, tengo el gusto de confesarte que es tremendamente genial cuando intentas escribir algo bueno, o “simplemente algo malo, ¡joder!”, y resoplas con el corazón cansado porque no logran salirte las palabras, porque ya no consigues encontrar sentimientos que al plasmarlos te hagan sentir bien. Y me gusta porque sé que eres tú la que estás escribiendo todo esto con el corazón sobre la mesa, con esos ojos casi desbordados de sus órbitas buscando desesperada y descubriendo en él sensaciones y sentimientos nuevos dentro de los cajones que compras cada fin de mes con el fin de estar preparada por si logras encontrar nuevas emociones. Estás aquí quitando de él los alfileres que te hacen sangrar cada noche en silencio y plasmándolo todo en este pequeño lugar de tu mundo perfecto, especial, ideal, enigmático. En este lugar tan tuyo, tan... tan tú.

Y esta eres tú. La que perdida y rodeada de tanta gente no ve a nadie y se pregunta dónde está, y de repente echa a correr como una niña pequeña en busca de algo que le haga sonreír. La que los domingos por la tarde arranca histérica sólo para calmar el dolor que le produce la soledad los post-its de colores con mensajes de felicidad que los lunes por la mañana pega en la pared de su habitación entusiasmada por volver a empezar. La que aún recuerda el lugar perfecto para gritar y cierra los ojos imaginando estar ahí. La que cuando no consigue gritar coge la cámara y captura el mundo con el disparador del corazón. La que quiere arañar y arrancar de este mundo la inmundicia que se filtra tan fácilmente en las cabezas de la gente. La que sueña pesadillas, la que escupe promesas que alguien le introdujo en la boca haciéndole callar, la que camina sobre cristales rotos, la que duerme a los pies de la cama, la que cose cremalleras en lugar de poner tiritas en su corazón, la que en lugar de beber el agua, la muerde… pero aún así se ríe de ella; pero aún así sonríe, porque es feliz.