La rabia que da quemar kilómetros y kilómetros del subconsciente (y del consciente) soñando estupideces. Estupideces de esas que no se cumplirán y que te quitan de hacer todo ese trabajo serio que tienes acumulado encima del escritorio. Piensas en princesas y dragones que no existen y castillos que nunca podrán ser construidos porque hay crisis y el capitalismo no permite que hagamos castillos, sino edificios rentables donde quepa gente que produzca y trabaje para mantener todo el operativo que hay montado. Gente de esa que seguro que conoces, que no cree en la magia y se limita en examinar lo que hace el mago para luego demostrar que ellos son tan listos que son capaces de demostrar que la magia no existe en lugar de dejar que les brillen los ojos durante unos minutos.
La rabia que les da que prefieras gastar la gasolina que tienes dentro en seguir soñando por el camino del subconsciente (y por el del consciente) en lugar de decir "no hay tiempo para contar un cuento, ni siquiera antes de ir a dormir".
Y qué genial es que les dé rabia. Qué maravilloso es edificar castillos de palabras, puestas una tras otra, como fichas de dominó, en lugar de oficinas de trabajo con paredes llenas de "post-it" con cosas que hacer que no acaban nunca y que podrías estar haciendo hasta que dejas de existir y olvidas que existe algo mejor.
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