Nunca le dije lo mucho que significaba para mi, quizás porque pensaba que permaneceríamos juntos mucho más tiempo, que aún nos quedaban una infinidad de noches en las que poder decírselo al oído, o dibujárselo en la espalda. Nunca se lo dije, pero se lo demostré cada minuto de cada día, y me alivia saber que el lo sabe, que lo supo desde el primer momento.
Quizás lo que nunca supo fue que su paso por mi vida dejaría una huella irreversible en mi. Dicen que estamos echos de trocitos de cada una de las personas que se cruzan en el camino, y fui tanto a su lado; y aprendí tantas cosas a la hora de quererle que a día de hoy puedo decir que estoy echa de el en gran parte.
No fue fácil, porque el nunca lo fue. No fue fácil permanecer, ni tampoco el dejar de estar. No fue fácil darle respuesta a las preguntas que nos hacíamos constantemente. No fue fácil no estar cada mañana al otro lado de la cama.
Todas estas dificultades nos hicieron enormes en un mundo donde las personas prefieren darse por vencidas, todos los momentos malos hicieron que los buenos merecieran la pena, y hoy, a pesar de todo merecen ser recordados.
Busco en las personas que vienen personalidades y detalles de personas que se fueron. Busco su risa en otras bocas, pero nunca suena igual. Y me hago pequeña cuando siento que después de tanto tiempo sigo estando perdida cuando se trata de él, cuando siento que este vacío no se llena. Y ahí es cuando tengo miedo, y ahí es cuando inevitablemente vuelvo a echarte de menos.
Diciembre no es lo mismo sin ti.
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