Mirando un poco en mi (ahora mismo) desconocido interior, encuentro una de las virtudes que más he valorado siempre, y que hasta hace muy poco creí haber perdido. La de ser paciente, aliarme con el tiempo y fluir con él.
Dejar de exigir y exigirme, dejar de castigarme por cada paso que doy y confiar en el tiempo por una vez.
Siempre quise detener el tiempo, y ahora me muero por pasar las hojas del calendario. Correr con el segundero y quitarle la pila cuando me apetezca.
Quiero poder entender que esta es la mejor forma de que entre oxígeno en esta habitación, y al final saber que no me estaba equivocando.
Quiero darle una oportunidad al choque frontal de nuestras vidas.
Y correré lento.
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