jueves, 14 de octubre de 2010

Nada...


Nunca he sentido quemar más unas lágrimas sobre mi rostro, lágrimas que consiguen borrar mis mejillas, que consiguen aplastar lo que tú y yo fuimos un día y que jamás volveré a saber si fue de verdad. Lágrimas sobre las que deberías ahogarte y yo matarte porque ni te las mereces, ni te mereces que te siga queriendo aunque no sepa quién eres, aunque te odie por quererte y por el dolor, porque me has roto el corazón en cachitos tan pequeños que dudo que vuelvan a pegarse y a poder llevar otro nombre jamás, porque me inundan y me llevan y me duelen, me estallan y me explotan el dolor y el daño que me has causado y descorchado en las pupilas. No te mereces que las lágrimas se vuelquen sobre mí en cuanto te das la vuelta, en cuanto algo tuyo me asalta a la mente, en cuanto pienso todo lo que he dado por ti y dejo de ver, de oir y de entender, en cuanto tus manos irreales vuelven a mis dedos... No te mereces ni huir. Te entregué mi corazón en crudo y vivo y tú lo has asesinado.

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