
Me hizo temblar entre sus brazos en mil y una madrugadas y ahora consigue que tirite sin tocarme, pero de rabia y dolor, de tristeza. Me duele cuando está pero me mata cuando no está, me consiguió marchitar fumándose falsamente cada uno de mis besos y doblándome ante los recuerdos, ante anhelos que parten mi cuerpo en dos porque el me falló y ahora me ha dejado sola ante algo que quema y que me viene demasiado grande. Y me consume el saberme queriéndole y odiándole, y me destroza la hostia que me ha dado sin paracaídas, y me mata el no recordar su último beso porque nunca pensé que lo sería, y no puedo con el hecho de no saber qué fue verdad y qué mentira, y me deshace el querer odiarle y olvidarle en un día y darme cuenta de que mis 29 meses no se borran de una hostia, aunque sea de su propio puño.
Y ójala pudiera reventar su recuerdo a hostia limpia y hacerlo desaparecer... Pero el siempre sigue ahí, incrustado en mis pulmones como un clavo oxidado que no deja respirar, tatuado en el alma como un día le dije al prometerme que jamás se iría de mí, como un nudo cuerpo a cuerpo y espalda contra espalda anclado en mi garganta e impidiéndome vivir, como un solo desafinado hambriento debajo de mis uñas, como un recuerdo inventado tras la almohada cada madrugada que los gritos de mi cama me despiertan... Y yo sigo temblando.
Y ójala pudiera reventar su recuerdo a hostia limpia y hacerlo desaparecer... Pero el siempre sigue ahí, incrustado en mis pulmones como un clavo oxidado que no deja respirar, tatuado en el alma como un día le dije al prometerme que jamás se iría de mí, como un nudo cuerpo a cuerpo y espalda contra espalda anclado en mi garganta e impidiéndome vivir, como un solo desafinado hambriento debajo de mis uñas, como un recuerdo inventado tras la almohada cada madrugada que los gritos de mi cama me despiertan... Y yo sigo temblando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario